Guernica 1968-1969: la recuperación franquista
Guernica, 1968-1969: la «recuperación» franquista desmentida por Picasso
Carrero Blanco obtiene el acuerdo de Franco. Un año después, Roland Dumas responde en nombre de Picasso: la versión sostenida por el Gobierno español es falsa
El 6 de diciembre de 1968, Luis Carrero Blanco, entonces vicepresidente del Gobierno, escribe a Florentino Pérez Embid, secretario general de Bellas Artes. La carta deja poco margen de duda sobre el nivel al que se trata el asunto. Carrero explica que, después de la conversación anterior entre ambos, consultó personalmente a Franco:
«he consultado con el Caudillo […] y me ha dado su conformidad».
Se trata de iniciar las gestiones necesarias para lo que él mismo llama la «recuperación del cuadro “Guernica” de Pablo Picasso». El documento original que reproducimos lleva el membrete de la Vicepresidencia del Gobierno y está fechado en Madrid el 6 de diciembre de 1968. Repensar Guernica, del Museo Reina Sofía, confirma la naturaleza y procedencia de la pieza: Carrero Blanco, vicepresidente del Gobierno, autoriza el comienzo de las gestiones después de haber tratado el asunto con Franco. La carta se conserva en el Archivo Histórico Nacional con la referencia FC-Mº_CULTURA, 3, n. 5, fol. 2.1 Hay aquí una palabra en la que conviene detenerse.
Recuperación.
Todavía no se dice: examinar si el Estado posee Guernica. No se dice: determinar los eventuales derechos del Estado español. Se dice ya: recuperar Guernica. Y, sin embargo, Carrero Blanco escribe en esa misma carta que precisamente hay que empezar por documentarse bien sobre la situación en que se encuentra el cuadro.
La contradicción léxica es notable.
Todavía hay que establecer los hechos, reunir los documentos y determinar la situación jurídica de la obra, pero el verbo ya ha dictado sentencia: ese cuadro sería algo que el régimen tendría que «recuperar».
Seis días antes, la maquinaria administrativa ya está en marcha
Esta carta no aparece de la nada. El 30 de noviembre de 1968, un informe titulado Posible recuperación del “Guernica” de Pablo Picasso es remitido a Carrero Blanco. Trata precisamente de la propiedad del cuadro y contempla la posibilidad de reclamarlo para incorporarlo a las colecciones del Museo Español de Arte Contemporáneo. El informe se conserva igualmente en el Archivo Histórico Nacional, con la referencia FC-Mº_CULTURA, 3, n. 3.2 La secuencia está, por tanto, documentada. El 30 de noviembre, la Administración estudia la «posible recuperación» del cuadro. El 6 de diciembre, Carrero informa a Pérez Embid de que ha hablado con Franco, de que ha obtenido su conformidad y de que deben comenzar las gestiones. No es una iniciativa marginal de algún funcionario aficionado al arte. El expediente asciende hasta el vicepresidente del Gobierno y el propio jefe del Estado.
Después entra en escena el Ministerio de Asuntos Exteriores, al que Carrero prevé remitir el expediente para que se emprendan las gestiones oportunas por vía diplomática. La palabra recuperación se vuelve entonces especialmente interesante: no describe solo un deseo cultural. Proporciona ya el vocabulario político de la operación.
«Recuperar» presupone que aquello le pertenece a uno
Es aquí donde quiero introducir el «yo», porque el documento autoriza, a mi juicio, una lectura más cortante.
Me detengo en esa palabra: recuperación.
Para recuperar algo, primero hay que haberlo poseído o poder establecer que le corresponde a uno. Y Carrero escribe precisamente cuando su propio Gobierno reconoce que todavía debe «documentarse» sobre la situación del cuadro. Dicho de otro modo, se empieza por escoger el verbo y después se buscarán las pruebas capaces de justificarlo. Éste es, para mí, el primer elemento del método.
La conclusión precede a la investigación.
Guernica debe ser «recuperado»; falta todavía construir el expediente que permita esa recuperación. Unos meses después, el Gobierno español emprende efectivamente gestiones para convencer a Picasso de que permita el envío de la obra a España. Una carta oficial de 1969 dirigida al pintor se conserva hoy en el Roland Penrose Archive de la Scottish National Gallery of Modern Art. El Reina Sofía describe sin ambigüedad el intento: «El Gobierno español intenta convencer a Pablo Picasso para que Guernica sea enviado a España.»3
Y es entonces cuando el asunto adquiere otra dimensión.
El Gobierno hace hablar a Picasso
El 12 de noviembre de 1969, Roland Dumas escribe desde París a William S. Lieberman, del Museum of Modern Art de Nueva York. La carta lleva la mención CONFIDENTIAL. Dumas no escribe como historiador del arte. Escribe como abogado a quien Picasso ha confiado la defensa de sus intenciones respecto a Guernica. Explica primero que representantes o intermediarios que hablan en nombre del Gobierno español han intentado ponerse en contacto con Picasso para obtener su acuerdo a fin de que Guernica sea entregado a las «present Spanish authorities», las autoridades españolas entonces en el poder, y expuesto después en Madrid.4 Después Dumas señala sobre qué descansa la operación. Según él, el Gobierno español mantiene la creencia de que Picasso habría dado en otro tiempo la obra a la «juventud española», que ahora desearía verla en España. Y Dumas sentencia:
«This version of the facts is incorrect.»
«Esta versión de los hechos es incorrecta.»
La frase es breve. Destruye, sin embargo, una parte esencial de la argumentación que acompaña al intento de «recuperación».
El método mafioso
Es aquí donde, por mi parte, dejo de utilizar el vocabulario aséptico de una simple «negociación diplomática». Yo veo aquí un método mafioso, en el sentido del procedimiento político y no como calificación penal: atribuir primero al interesado unas palabras que no ha pronunciado y utilizar después esas palabras para justificar la apropiación de aquello que se codicia. Hay que ser preciso. No digo que el régimen fabrique un documento falso con una firma falsa de Picasso. Lo que muestran los documentos es distinto.
Produce una declaración atribuida a Picasso.
Le atribuye una voluntad. Picasso habría dado Guernica a la juventud española. Esa voluntad supuesta se utiliza después como elemento de legitimación para reclamar el cuadro. Pero Picasso está vivo. Y su abogado responde.
Esta versión es falsa.
Se dibuja entonces una mecánica de una sencillez notable: primero se declara que el cuadro debe ser «recuperado»; después se atribuye a Picasso una intención compatible con esa recuperación; finalmente se moviliza el aparato diplomático para transformar esa intención supuesta en entrega efectiva del cuadro. Por mi parte, llamo a eso un intento de robo político. No en el sentido de una calificación penal que pretendiera sustituir al derecho, sino en el sentido del procedimiento: hacer decir a Picasso lo que no dijo para apoderarse de aquello que no quiso entregarles. Y el asunto se vuelve aún más mordaz cuando se lee la continuación de la carta de Dumas.
Picasso designa a la República
Porque Roland Dumas no se limita a negar. Precisa lo que Picasso quería realmente. El texto dice:
«Pablo Picasso made it clearly known at that time that this work would be turned over to the Government of the Spanish Republic the day when the Republic was restored in Spain.»
Es decir:
«Pablo Picasso había hecho saber claramente en aquel momento que esta obra sería entregada al Gobierno de la República Española el día en que la República fuera restaurada en España.»
Y Dumas añade que Picasso no ha cambiado de intención respecto al destino de la obra.4 La diferencia de vocabulario es llamativa. Cuando habla de Franco, Dumas escribe: «las actuales autoridades españolas». Cuando habla del destinatario querido por Picasso: «el Gobierno de la República Española». No soy yo quien introduce aquí a la República en el expediente. Es Dumas, actuando por instrucción de Picasso. Y esto es precisamente lo que la operación franquista necesitaba hacer desaparecer para tener éxito: la distancia entre España y el régimen que pretendía entonces encarnar él solo a España.
Robar Guernica dos veces
Es aquí donde el carácter político de la operación se me hace más evidente. El régimen nacido de la insurrección militar contra la República reclama en 1968 el cuadro pintado por Picasso para el pabellón de esa República en 1937. Quiere hacerlo entrar en un museo español. Para conseguirlo, presenta la obra como algo que habría que «recuperar» y atribuye a Picasso una intención que su abogado declarará incorrecta. Pero la intención recordada por ese abogado conduce precisamente a aquello que la operación quisiera escamotear: la República Española.
Yo llamo a eso intentar robar Guernica dos veces.
Primero a Picasso, fabricándole una voluntad utilizable. Después a su historia, borrando a la República del destino que había asignado al cuadro.
La paradoja es casi grotesca: el poder franquista quisiera poder exhibir Guernica en Madrid neutralizando al mismo tiempo la condición política que Picasso había unido a su regreso.
El cuadro volvería.
La República, en cambio, sería invitada a quedarse fuera del marco.
Victoria Kent comprende inmediatamente lo que está en juego
Los documentos que acabamos de recibir de la Fundación Universitaria Española dan ahora a la carta de Dumas una profundidad adicional. Solo siete días después de la carta a Lieberman, el 19 de noviembre de 1969, Victoria Kent escribe a Fernando Valera. Conoce la intervención del abogado de Picasso y comprende de inmediato su valor. Retoma precisamente la formulación según la cual la obra debe ser enviada al Gobierno de la República Española cuando la República sea restaurada, y pide que se obtenga una copia autorizada de la comunicación de Dumas. Desea que esa copia le sea enviada a Nueva York para poder depositarla en la caja fuerte de un banco.5 ¿Por qué semejante precaución? Kent lo explica ella misma. Las gestiones del Gobierno franquista pueden continuar. Teme que el documento conservado por el museo pueda desaparecer algún día. Una copia autenticada constituiría entonces, escribe, un «arma definitiva». Utiliza incluso, al referirse a las maniobras que teme, la expresión mordaz «manejos de los expertos ganster».
Esta carta es extraordinaria porque muestra que los republicanos en el exilio comprenden inmediatamente que la batalla en torno a Guernica no es simplemente simbólica. Es documental. ¿Quién puede probar qué? ¿Con qué escrito? ¿Y dónde poner ese escrito a salvo?
Victoria Kent no pide que le cuenten lo que piensa Picasso.
Pide la pieza que permite demostrarlo.
Tres días después, responde el MoMA
William S. Lieberman responde a Roland Dumas el 22 de noviembre de 1969. El Reina Sofía resume la carta: Lieberman agradece a Dumas su intervención, le proporciona información sobre el intento del Gobierno español de recuperar Guernica, le propone fechas para reunirse y le comunica el nombre de una persona en París autorizada por el MoMA para tratar el asunto. La pieza se conserva en los Museum of Modern Art Archives con la referencia AHB 12.II.F.2.6 Ya no tenemos, por tanto, una declaración aislada del abogado de Picasso. Disponemos ahora de una cadena: Carrero Blanco y Franco → Pérez Embid y el aparato administrativo → gestiones ante Picasso → Roland Dumas → MoMA → Victoria Kent y el Gobierno republicano en el exilio. El expediente circula de un Estado a otro, de un régimen a otro, de un abogado a un museo y de un museo a los responsables de la República en el exilio.
¿Y la propiedad?
Hay que mantener, sin embargo, una distinción esencial. La carta de Dumas es extremadamente fuerte para establecer la voluntad de Picasso en 1969. No constituye, por sí sola, un título de propiedad. Es ahí donde nuestra investigación vuelve a 1937. El 28 de mayo de ese año, Max Aub escribe a Luis Araquistáin que se ha entregado a Picasso un cheque de 150.000 francos para cubrir los gastos de realización de la obra, pese a la insistencia del pintor en donarla a la República. Aub explica sobre todo que disponer de un recibo firmado constituye la mejor manera de demostrar la propiedad del cuadro. El Reina Sofía referencia esta pieza conservada en el Archivo Histórico Nacional.7
Es una información capital.
En 1937, la República se preocupa ya por la prueba documental de su derecho. En 1968, el Gobierno franquista quiere «recuperar» el cuadro, pero pide todavía que se reúna la documentación que establezca su situación. En 1969, Dumas pide al MoMA que confirme los documentos y las condiciones que encuadran la situación de la obra. Y en 1973, Fernando Valera sigue intentando aclarar la cuestión.
Valera plantea en 1973 la pregunta que planteamos hoy
Los documentos de la Fundación Universitaria Española son aquí especialmente valiosos. Después de la muerte de Picasso, Fernando Valera intenta reconstruir la historia jurídica de Guernica. Escribe que existen varias versiones: según algunos, el Gobierno republicano habría encargado la obra y pagado una parte de la suma convenida; según otros, Picasso la habría pintado por iniciativa propia y luego la habría donado a la República. Y de pronto Valera formula las dos preguntas a las que toda nuestra investigación nos devuelve hoy:
«¿Cómo y por qué está en New York? ¿Quién y con qué derecho lo depositó allí?»
¿Cómo y por qué está en Nueva York? ¿Quién lo depositó allí y con qué derecho?8
Ahí estamos.
Carrero Blanco hablaba de «recuperación» en 1968. Valera sigue intentando establecer en 1973 quién tenía jurídicamente derecho a depositar el cuadro en Nueva York. Entre ambos momentos se despliega una batalla de palabras, propiedad y archivos.
El documento firmado por Picasso en 1970
Un año después de la intervención de Dumas, Picasso escribe él mismo al Museum of Modern Art. El 14 de noviembre de 1970, informa al museo de que ha designado a Roland Dumas para ocuparse del traslado de Guernica a España cuando llegue el momento y para verificar que las libertades democráticas han sido restablecidas. El documento se conserva en el Archivo Histórico Nacional con la referencia FC-Mº_CULTURA, 3, n. 10.9 Hay que distinguir cuidadosamente las formulaciones. En 1969, Dumas habla del Gobierno de la República Española y del restablecimiento de la República. En 1970, Picasso formula él mismo de manera explícita la condición de las libertades democráticas y confía a Dumas la responsabilidad de apreciar su restablecimiento. No es necesario borrar esa diferencia.
Al contrario.
Forma parte del expediente.
Incluso las fichas de archivo deben verificarse
La investigación nos reserva de paso una ironía suplementaria. La ficha inglesa de Repensar Guernica dedicada a la carta de Dumas afirma actualmente que éste explica a Lieberman que la petición del Gobierno español para recuperar Guernica «is not against Picasso’s wishes», es decir, que no iría contra la voluntad de Picasso.10 Sin embargo, el facsímil reproducido en esa misma página dice que la versión de los hechos sostenida por el Gobierno español es incorrecta, recuerda el destino republicano de la obra y precisa que Picasso no ha cambiado de intención. Parece, por tanto, tratarse de un error de negación en la ficha. Este detalle ilustra exactamente por qué hay que volver a las piezas originales. Incluso un catálogo institucional notable puede contener una frase que invierta el sentido del documento que presenta.
El documento debe tener siempre la última palabra.
«Recuperación»: una palabra que delata todo el problema
Vuelvo, pues, al 6 de diciembre de 1968. Carrero Blanco escribe a Pérez Embid después de haber obtenido la conformidad de Franco. Todavía no habla de una propiedad jurídicamente demostrada. Habla de «recuperación». Esa palabra es quizá una de las piezas más reveladoras de todo el expediente. Porque transforma subrepticiamente una pregunta en respuesta. ¿A quién pertenece Guernica? La palabra ya responde: a nosotros, puesto que debemos recuperarlo. Solo queda encontrar los documentos, los argumentos y los canales diplomáticos capaces de dar cuerpo a esa premisa. Un año después, Picasso responde por medio de su abogado. La voluntad que se le atribuye no es la suya. Y el destino que Dumas recuerda lleva un nombre que la operación franquista habría preferido ver desaparecer:
la República Española.
Precisamente por eso esta investigación no trata solo del viaje de un cuadro. Trata de la tentativa de apropiación de una obra, de la palabra de su autor y de la memoria política ligada a esa obra. El régimen decía: «recuperación». Los archivos, en cambio, obligan todavía a formular la pregunta previa:
¿recuperar qué, de quién y en virtud de qué derecho?
Y esa pregunta sigue abierta.
Notas y fuentes documentales
- Luis Carrero Blanco a Florentino Pérez Embid, Madrid, 6 de diciembre de 1968, Archivo Histórico Nacional, FC-Mº_CULTURA, 3, n. 5, fol. 2. La pieza figura en Repensar Guernica, Museo Reina Sofía, dentro de la documentación del Archivo Histórico Nacional correspondiente a 1968. Consultar en Repensar Guernica. ↩
- Posible recuperación del “Guernica” de Pablo Picasso, Madrid, 30 de noviembre de 1968, Archivo Histórico Nacional, FC-Mº_CULTURA, 3, n. 3. El informe examina la propiedad del cuadro y la posibilidad de reclamarlo para el Museo Español de Arte Contemporáneo. Consultar la pieza. ↩
- Carta del Gobierno de España a Pablo Picasso, Madrid, 1969, conservada en el Roland Penrose Archive, Scottish National Gallery of Modern Art Archives. Repensar Guernica la describe como un intento del Gobierno español de convencer a Picasso para que Guernica fuera enviado a España. Consultar la documentación de 1969. ↩
- Roland Dumas a William S. Lieberman, París, 12 de noviembre de 1969, Museum of Modern Art Archives, P&S Guernica Records, Correspondence 1960s. La ficha inglesa de Repensar Guernica y el facsímil se encuentran en la misma página. Consultar la carta. ↩
- Victoria Kent a Fernando Valera, 19 de noviembre de 1969, Fundación Universitaria Española, FV/31.7. La carta solicita una copia autorizada de la comunicación de Dumas, propone depositarla en una caja fuerte bancaria y la considera un «arma definitiva» frente a futuras maniobras sobre Guernica. ↩
- William S. Lieberman a Roland Dumas, Nueva York, 22 de noviembre de 1969, Museum of Modern Art Archives, AHB 12.II.F.2. La pieza figura en el corpus documental de Repensar Guernica. Consultar la documentación de William S. Lieberman. ↩
- Max Aub a Luis Araquistáin, París, 28 de mayo de 1937, Archivo Histórico Nacional, ES.28079.AHN/4.2.43.3. Aub comunica la entrega a Picasso de un cheque de 150.000 francos y explica que un recibo firmado constituiría la mejor prueba de propiedad del lienzo. Consultar la carta. ↩
- Fernando Valera, documentación sobre la situación jurídica de Guernica, 1973, Fundación Universitaria Española. Valera recoge las distintas versiones sobre el encargo, pago y eventual donación del cuadro, y formula la pregunta: «¿Cómo y por qué está en New York? ¿Quién y con qué derecho lo depositó allí?». ↩
- Pablo Picasso al Museum of Modern Art de Nueva York, Mougins, 14 de noviembre de 1970, Archivo Histórico Nacional, FC-Mº_CULTURA, 3, n. 10. Picasso designa a Roland Dumas para ocuparse del traslado de Guernica cuando llegue el momento y para comprobar que las libertades democráticas han sido restablecidas. Consultar la carta. ↩
- Ficha inglesa de Repensar Guernica para la carta de Roland Dumas a William S. Lieberman, 12 de noviembre de 1969. La ficha resume actualmente que la petición del Gobierno español «is not against Picasso’s wishes», mientras que el facsímil reproducido en la misma página afirma que la versión sostenida por el Gobierno español es «incorrect» y recuerda la voluntad republicana expresada por Picasso. Consultar ficha y facsímil. ↩