Sicarios franquistas en Francia
Los sicarios
La frontera no era más que una línea sobre el mapa
«Per Catalunya!»
Últimas palabras atribuidas a Lluís Companys, presidente de la Generalitat de Cataluña, ante el pelotón de fusilamiento, Montjuïc, 15 de octubre de 1940.
El episodio anterior dedicado a la violencia y la amenaza terminaba con una frase: el terror no conoció fronteras. He aquí la prueba, y exige la misma sobriedad, pues seguimos hablando de muertos.
Una mafia no se define solo por lo que hace en su territorio, sino también por su capacidad de perseguir a quienes lo abandonan. Sigue al fugitivo, alcanza al exiliado y recuerda a quien ha cruzado la frontera que ninguna línea trazada sobre un mapa lo pone necesariamente fuera de su alcance. El franquismo tuvo esa capacidad. La ejerció desde los primeros años de la posguerra y sus métodos sobrevivieron al propio dictador, hasta alcanzar nuestras propias carreteras.
Companys: detenido en Francia y entregado a Franco
El primer nombre que hay que pronunciar es el de Lluís Companys, porque lo condensa todo. Presidente de la Generalitat elegido por el Parlamento de Cataluña, cruzó la frontera a pie en febrero de 1939 y se exilió en Francia.1
Habría podido buscar un refugio más lejano. Se quedó porque su hijo Lluís, aquejado de una grave enfermedad mental, se encontraba internado cerca de París. Durante el avance alemán, la evacuación de la clínica separó al hijo de quienes cuidaban de él. Companys renunció a marcharse sin saber qué había sido de su hijo.
El 13 de agosto de 1940, en la zona directamente ocupada por Alemania, las autoridades alemanas lo detuvieron en La Baule. Los agentes franquistas enviados a Francia por Serrano Suñer, la embajada española en París y Pedro Urraca habían participado en su localización. La policía política y militar alemana les prestó su colaboración.2
Companys fue entregado al régimen franquista y trasladado a España. Permaneció varias semanas encerrado en la Dirección General de Seguridad, en Madrid, donde fue insultado, humillado y torturado. Según los testimonios recogidos después de su muerte, algunos visitantes acudieron incluso a contemplar al prisionero y a ultrajarlo como si fuera un trofeo.
Su consejo de guerra duró aproximadamente una hora. Fue condenado por «adhesión a la rebelión militar».3 La acusación la sostenían quienes se habían rebelado contra la República, habían conquistado el poder por las armas y llamaban ahora rebelde a quien había permanecido fiel a la legalidad.
El 15 de octubre de 1940, al amanecer, en los fosos de Montjuïc, Companys rechazó la venda. Sus últimas palabras atribuidas fueron las que encabezan este episodio. Sigue siendo el único presidente de un gobierno democráticamente elegido de Europa occidental ejecutado por el fascismo.4
Sobre este hecho no hay nada que añadir.
Se basta a sí mismo.
Pedro Urraca: el «cazador de rojos»
El hombre que organizó su traslado tenía nombre y función. Pedro Urraca Rendueles era agente de la Seguridad española. Su actividad le valió el apodo de «cazador de rojos». En la Francia ocupada persiguió a responsables republicanos, vigiló a sus familias, fotografió sus domicilios y colaboró con la policía alemana.
Companys no fue la única víctima de ese aparato. Joan Peiró, Julián Zugazagoitia y Francisco Cruz Salido fueron también detenidos, entregados a España y ejecutados. Los circuitos no siempre fueron idénticos, pero el resultado sí: al exiliado se lo localizaba en Francia, se lo entregaba a aquellos de quienes había huido, se lo juzgaba mediante la justicia de los vencedores y se lo conducía a la muerte.
Tras la Liberación, la justicia francesa condenó a Pedro Urraca a muerte en rebeldía por inteligencia con el enemigo.5 Nunca fue entregado. España lo mantuvo a su servicio, particularmente en Bélgica. Murió en Madrid en 1989.
El régimen no solo recompensaba a sus sicarios.
Los protegía.
Una policía inspirada en la Gestapo
Este aparato de persecución extraterritorial no se improvisó después de la derrota francesa. Ya en abril de 1938, un proyecto atribuido a responsables del Servicio de Información y Policía Militar proponía crear una policía secreta inspirada en la Gestapo. Su misión debía consistir en perseguir a los enemigos del régimen y a los elementos considerados hostiles hasta su «exterminio total».
El 31 de julio siguiente, un acuerdo de cooperación policial entre la Alemania nazi y la España franquista proporcionó un marco concreto a esa voluntad: intercambio de información, formación de agentes y cooperación más allá de las fronteras.6
El proyecto existía. El acuerdo vino después. Luego llegaron los hombres encargados de aplicarlo. La persecución más allá de las fronteras fue pensada pronto y confiada a quienes hicieron de ella un oficio.
Francia: refugio y territorio de caza
Hay que nombrar la responsabilidad francesa sin atribuirle lo que los documentos no demuestran. Companys fue detenido en una zona bajo control directo alemán. Su captura no fue, por tanto, consecuencia de una orden del Gobierno de Vichy. Fue organizada por las autoridades de ocupación con la colaboración decisiva de la red franquista.
Pero esta precisión no convierte a Francia en un refugio inocente. Su territorio se transformó también en terreno de caza. La prisión de la Santé sirvió de etapa. En la zona administrada por Vichy, la policía francesa detuvo igualmente a varias personalidades republicanas, aunque las presiones internacionales y la intervención de México impidieron algunas entregas a Franco.
La responsabilidad francesa no reside, por tanto, en añadir al expediente un culpable imaginario. Reside en los campos, las detenciones, las colaboraciones y la incapacidad de garantizar a los exiliados la protección que habían venido a buscar.
Cataluña declaró nulas las condenas franquistas en 2017. El Gobierno español concedió a Companys una reparación moral en 2018 y la Ley de Memoria Democrática de 2022 declaró ilegales y radicalmente nulas las condenas políticas dictadas por las jurisdicciones franquistas. Hubo que esperar, sin embargo, hasta julio de 2024 para que el Estado expidiera una declaración individual reconociendo la ilegalidad de los tribunales y la nulidad de las condenas impuestas al presidente catalán.7
Ochenta y cuatro años.
Los sicarios sobrevivieron al dictador
El segundo tiempo de esta historia nos acerca todavía más, hasta nuestras propias carreteras. Los Guerrilleros de Cristo Rey habían participado, durante la dictadura y al comienzo de la Transición, en las violencias de extrema derecha. Tras la muerte de Franco, el Batallón Vasco Español, la Triple A, la ATE, los GAE, los GANE y otras siglas circunstanciales encubrieron acciones de redes parapoliciales contra la oposición y el nacionalismo vasco.
Comandos atacaron a refugiados establecidos en el País Vasco francés. Colocaron bombas, ametrallaron cafés, secuestraron y asesinaron. San Juan de Luz, Hendaya, Biarritz y Bayona dejaron de ser únicamente ciudades de asilo y entraron en la geografía de la guerra sucia.
Los informes del Gobierno Vasco registran decenas de asesinatos cometidos bajo esas siglas entre 1975 y 1982, a ambos lados de la frontera. Constatan asimismo un grado importante de tolerancia y, en determinados casos, de complicidad de sectores de los aparatos policiales. La debilidad de las investigaciones impide todavía medir con exactitud la extensión de esas colaboraciones y de las cadenas de mando.8
He aquí una de las formas más seguras de la impunidad: realizar una investigación lo bastante débil para que la ausencia posterior de resultados pueda utilizarse como argumento por quienes sostienen que nadie sabía nada.
Jean-Pierre Chérid: del BVE a los GAL
Un hombre encarnó esa continuidad: Jean-Pierre Chérid. Antiguo miembro de la OAS, estuvo presente en Montejurra en 1976, cuando fueron asesinados dos militantes carlistas de izquierda. Su nombre apareció después vinculado a las redes del Batallón Vasco Español y a varias operaciones dirigidas contra miembros de ETA.
Se le relacionó en particular con el asesinato de José Miguel Beñarán Ordeñana, Argala, muerto por una bomba en Anglet en diciembre de 1978. Reapareció después en la organización de los GAL. En marzo de 1984 murió en Biarritz mientras manipulaba una bomba destinada a una nueva operación.9
Los gobiernos habían cambiado. Las siglas también.
El sicario, en cambio, había atravesado los regímenes.
Hace falta aquí una precaución de exactitud, porque sirve mejor a la verdad que cualquier confusión. Estas redes operaron esencialmente después de la muerte de Franco, durante la Transición, y sus asesinatos no pueden imputarse a una orden personal del dictador ya fallecido.
Lo que sí puede afirmarse, y resulta más grave, es que una parte de los aparatos, de los hombres y de los métodos procedía de la dictadura. La maquinaria empleada para matar fuera de las fronteras no fue completamente desmantelada tras la muerte del jefe. Parte de sus hombres, conocimientos, contactos y métodos sobrevivieron y fueron reutilizados.
La continuidad no consistió en una identidad perfecta de organización. Pasó por policías, agentes de inteligencia, mercenarios, ficheros, protecciones y una misma concepción clandestina de la razón de Estado.
Las siglas cambiaron.
Las tramas circularon.
A partir de 1983, bajo un Gobierno democrático, los GAL retomaron esa guerra en territorio francés. La democracia no inventó a los sicarios.
Algunos ya estaban allí.
La frontera como método
La frontera no fue un muro para los asesinos. No fue un refugio para Companys, entregado a través de ella. No fue una protección para los refugiados de Iparralde, abatidos en la otra vertiente. Tampoco fue una conciencia para los Estados que toleraron determinadas operaciones.
Para el régimen y para quienes heredaron algunos de sus trabajos sucios, no fue más que una línea sobre el mapa. Se cruzaba en un sentido para entregar a un hombre y en el otro para abatir a otro.
Por eso este episodio es el que más de cerca nos toca. Los demás se desarrollaban en Madrid, en El Pardo, en palacios gallegos o en sociedades offshore. Este ocurrió aquí, en carreteras que recorremos, en ciudades donde vivimos, contra hombres que habían creído encontrar entre nosotros un asilo y no encontraron más que una prórroga.
La complicidad, la tolerancia o la ceguera de determinados sectores del Estado francés forman parte de esta historia. No le corresponde a un autor que escribe desde este lado de la frontera olvidarlas.
Quedaba todavía hacer caer el silencio sobre todo aquello. El terror de dentro, el terror de fuera, el botín y los favores debían quedar cubiertos, prescritos y pacificados para que el clan pudiera transmitir en paz lo que había tomado.
Cómo se organizó esa impunidad, cómo se mantuvo y cómo terminó siendo impugnada desde el propio aparato judicial español será el episodio que cierre el folletín histórico «La mafia franquista».
Fuentes y notas
- Parlamento de Cataluña, Lluís Companys i Jover, presidencias de la Generalitat. ↩
- Memorial Democràtic de la Generalitat de Cataluña, Franco neutral? La colaboración de la España franquista con la Alemania nazi, en particular el capítulo dedicado a las entregas ilegales de exiliados republicanos. ↩
- Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña, Consejo de guerra y condena a muerte de Lluís Companys, introducción histórica y reproducción del expediente. ↩
- Parlamento de Cataluña, Boletín Oficial del Parlamento de Cataluña, 23 de enero de 2024. ↩
- Marion Van Renterghem, «Mon grand-père, ce fardeau», Le Monde, 6 de febrero de 2015. Véase también la documentación familiar entregada al Archivo Nacional de Cataluña. ↩
- elDiario.es, «La huella de la Gestapo en la Brigada Político Social», 12 de enero de 2019. El artículo se apoya, entre otras, en las investigaciones de José Luis Rodríguez Jiménez y de varios historiadores de la policía franquista. ↩
- Ley catalana 11/2017, de 4 de julio; Gobierno de España, declaración de reparación y reconocimiento personal de 2018; Ley 20/2022 de Memoria Democrática; Generalitat de Cataluña, declaración individual relativa a Lluís Companys, julio de 2024. ↩
- Gobierno Vasco, Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo, Informe sobre los grupos incontrolados, de extrema derecha y los GAL. Véase también el documento pedagógico oficial Aprendizajes del caso vasco para prevenir la violencia y proteger la paz. ↩
- El País, «Cherid fue el hilo conductor de los atentados contra ETA desde el franquismo a los socialistas», 5 de septiembre de 1998. ↩
Llamamiento a la documentación y a los testimonios
Para «La mafia franquista», cinco testimonios independientes, precisos y concordantes pueden contribuir a establecer un hecho que los archivos no hayan conservado. Si posee una carta, una fotografía, un recorte de prensa, un documento administrativo o un recuerdo familiar transmitido con precisión sobre las violencias cometidas en el País Vasco francés, puede ponerse en contacto con Espagne1936.com aquí.