Franco y su fortuna
El Padrino — Franco el amo de España
«Consideraba que todo le pertenecía y no tenía necesidad de robar.»
Paul Preston, sobre Franco, entrevista publicada en 2015.1
Hay que deshacerse de una imagen: la del dictador que cuenta su oro de noche, a puerta cerrada, como un avaro de comedia. Franco no se ocultaba, porque un hombre no se oculta de lo que cree que le pertenece.
Ahí está la clave del personaje, y es más escalofriante que la codicia ordinaria. El ladrón sabe que roba. El padrino, en cambio, ha suprimido en su mente la frontera entre su persona y el bien común. La nación era su casa. En la propia casa no se roba.
Esa certeza tranquila, más aún que el apetito, hizo sistemático el saqueo y le dio el aire apacible de una administración.
La fortuna de Franco: 34 millones de pesetas a su disposición en 1940
La cifra existe, y es el punto fijo de todo el asunto.
A 31 de agosto de 1940, cuando España salía hambrienta de tres años de guerra, un estado contable registraba 34.302.855,28 pesetas procedentes de donativos y de otros recursos puestos a disposición de Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo.2
No es ni una estimación de periodista ni un rumor del exilio. El documento lleva el sello de la Secretaría Militar y Particular del Jefe del Estado. Su última página está firmada por el coronel Francisco Franco Salgado-Araújo, primo hermano del dictador.
Estos treinta y cuatro millones no constituyen un inventario patrimonial en el sentido notarial. La relación yuxtapone saldos bancarios, donativos, sumas teóricamente destinadas a ciertas obras y recaudaciones de las que Franco podía disponer a su sola discreción. Ahí reside precisamente el escándalo: fondos de orígenes y destinos distintos se hallaban reunidos bajo una misma autoridad, sin control externo y sin obligación pública de justificación.
Ese saldo plantea una pregunta que ningún heredero ha resuelto jamás. ¿Cómo un militar de carrera, sin más fortuna declarada antes de la guerra que sus ingresos de oficial, vio ponerse a su disposición semejante suma en cuatro años, en un país donde se moría de hambre?
El método honesto consiste en construir primero la mejor defensa posible y luego confrontarla con las cuentas.
En noviembre de 1935, cuando ocupaba el cargo de jefe del Estado Mayor Central, la nómina de Franco indicaba un sueldo mensual de 2.429,98 pesetas.3 Su remuneración durante la guerra no se conoce con precisión. En 1940, su sueldo de capitán general alcanzaba las 50.000 pesetas anuales.
Concedámosle, sin embargo, todo. Supongamos que sus funciones de jefe del Estado duplicaran esa suma. Supongamos que recibiera 100.000 pesetas cada año durante cuatro años. Supongamos incluso que el alojamiento, la comida, los desplazamientos y el mantenimiento de su casa corrieran enteramente a cargo del aparato sublevado, y que nunca gastara un céntimo.
Obtenemos 400.000 pesetas.
Disponía de treinta y cuatro millones.
Se puede añadir todavía la gratificación mensual de 10.000 pesetas abonada por la Compañía Telefónica Nacional. Se ignora cuándo comenzaron esos pagos, pero ni siquiera la defensa más generosa logra transformar los ingresos conocidos en treinta y cuatro millones.
Entre lo que podía ganar legalmente y lo que se hallaba a su disposición no se abre una diferencia, sino un abismo. Ese abismo es el objeto de la investigación, y solo se colma con dinero que nunca fue suyo.
El café de Brasil y los fondos puestos a disposición de Franco
¿De dónde vino ese dinero?
Una parte procedía de la confusión de los patrimonios, erigida en sistema. El ejemplo más nítido está en las seiscientas toneladas de café que Brasil regaló a España.
El café fue entregado a la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes, que lo distribuyó a los gobiernos civiles para que se vendiera al precio fijado por la administración. La operación se llevó a cabo bajo la supervisión de Francisco Franco Salgado-Araújo.
La recaudación total alcanzó 7.536.140,88 pesetas. Esa suma corresponde, salvo unos céntimos, a la que aparece en la relación de los fondos puestos a disposición de Franco a 31 de agosto de 1940.4
El café había sido regalado a un país hambriento. Franco cobró su producto.
Otra parte del dinero procedía de las suscripciones llamadas patrióticas. Su destino anunciado era la guerra, la ayuda a los combatientes, los huérfanos, las tropas africanas o la reconstrucción. El donante, en la España sublevada, no siempre era libre de negarse. Una contribución voluntaria se convierte en un impuesto cuando un arma se sostiene detrás del boletín de suscripción.
La relación conservaba aún los epígrafes de ciertas asignaciones: huérfanos de guerra, reconstrucción del Alcázar, donativos a los combatientes africanos. Pero los reúne en un mismo documento, bajo una misma autoridad y a disposición de un solo hombre. El asiento contable distinguía todavía las asignaciones. El poder ya había suprimido las fronteras.
A este sistema financiero se añadía un instrumento jurídico excepcional. Franco gobernaba mediante leyes y decretos-leyes reservados al jefe del Estado, algunos de los cuales ni siquiera se publicaban en el Boletín Oficial. Ángel Viñas ha encontrado disposiciones secretas hasta en el año 1957.5
Estos textos no constituyen todos pruebas de pagos en las cuentas personales del dictador. Establecen algo más profundo: el poder había organizado las condiciones en que una decisión podía producir efectos jurídicos sin ser conocida por quienes la sufrían.
El café regalado a la nación, el dinero entregado a la causa, los fondos prometidos a los huérfanos, las suscripciones recaudadas bajo amenaza y la gratificación de una empresa dependiente del poder: todo ello afluyó hacia un mismo hombre.
La dictadura no se contentó con tolerar esa confusión: la organizó.
Franco Salgado-Araújo y la gestión familiar de las cuentas
El detalle que remata el retrato está en la firma estampada al pie del registro.
La relación lleva el sello de la Secretaría Militar y Particular. Su última página está firmada por el coronel Francisco Franco Salgado-Araújo. Quien certificaba el cierre de las cuentas era el primo hermano del Caudillo.
Quien cerraba los libros del padrino era de la familia.
Las sumas puestas a disposición del jefe se administraban en el secreto de su despacho, por hombres cuya fidelidad al jefe hacía las veces de garantía institucional. Ningún Parlamento controlaba su uso. Ninguna oposición podía reclamar los documentos. Ninguna prensa libre podía publicar las cuentas. Ningún juez independiente podía ordenar su apertura.
La familia no era solo beneficiaria del sistema. Constituía su recinto.
Franco y la concentración de poder en el Estado sublevado
En 1938, el Estado franquista no existía como un poder legal que sucediera regularmente a la República. Era el aparato político y militar de una rebelión empeñada en una guerra contra el Estado constitucional.
Pero ese aparato se había constituido ya en poder de hecho. Desde el 1 de octubre de 1936, Franco concentraba en sus manos la dirección del Estado sublevado y el mando supremo de sus ejércitos. En enero de 1938, formó su primer gobierno y asumió personalmente la presidencia del Consejo de Ministros.
Todo estaba bajo su control. El poder legislativo procedía de él. La administración dependía de él. El ejército le obedecía. Los fondos se ponían a su disposición. La justicia del bando sublevado juzgaba en su nombre y según la legislación del poder que él dirigía.
Decir que Franco y el Estado eran una sola cosa no es, pues, una metáfora destinada a sustituir la prueba. Es la descripción del sistema de poder que había construido.
Que no haya equívoco sobre la fórmula «todo era suyo». No significa que cada peseta confiscada se hallara en una cuenta personal. Significa que ninguna autoridad superior podía pedirle cuentas de lo que había hecho con ella. En el orden sublevado, la diferencia entre el dinero de Franco y el dinero puesto a disposición del Estado dependía en última instancia de la voluntad de Franco.
Confiscaciones, propiedades y patrimonio bajo el poder de Franco
La moneda republicana que sus decretos declararon enemiga era suya, puesto que él fijaba su suerte.
El poder sublevado invalidó parte de la moneda emitida por la República, bloqueó cuentas bancarias y creó el «Fondo de papel moneda puesto en circulación por el enemigo». Miles de familias hubieron de entregar sus ahorros a cambio de recibos que nunca fueron honrados.6
Ese dinero no figura como tal en la relación bancaria de 1940. Pero su suerte fue decidida por un aparato del que Franco era el jefe absoluto. Lo que había pertenecido a los vencidos podía ser anulado, bloqueado, confiscado o asignado según las decisiones del poder sublevado.
El café regalado al pueblo hambriento era suyo, desde el momento en que cobraba el producto de su reventa.
Los palacios y las fincas que entraron en su patrimonio eran suyos. No todos entraron de la misma manera. Algunos se presentaron como donativos. Otros pasaron por sociedades, suscripciones forzadas, intermediarios o escrituras destinadas a revestir la adquisición de una apariencia de legalidad.
El Pazo de Meirás sigue siendo el caso mejor establecido. La propiedad fue comprada durante la guerra gracias a una suscripción organizada por los notables del régimen. Los tribunales reconocieron el carácter simulado de la venta inscrita en 1941 en beneficio personal de Franco. La finca pertenecía al Estado porque había sido ofrecida al jefe del Estado en esa condición y administrada como residencia oficial.7
El Pazo no fue el único bien que entró en la órbita patrimonial de la familia. El Canto del Pico, la Casa Cornide, Valdefuentes y otras propiedades siguieron vías diferentes, no todas igualmente documentadas. Sería falso pretender que cada adquisición obedeció a un mecanismo idéntico. Sería más absurdo todavía sostener que el sueldo de un general bastaba para financiar semejante patrimonio.
En su sistema, venía a ser lo mismo, no porque cada pago se inscribiera en una cuenta personal, sino porque el hombre que dictaba la ley, fijaba la pena y decidía la asignación de los fondos no tenía que rendir cuentas a nadie.
La nación entera, sus arcas, sus bienes, sus muertos y sus vivos, todo ello componía un patrimonio del que se creía no el guardián, sino el propietario. Su voluntad de apoderarse de todo, hasta en la existencia y en el exilio de quienes habían huido, fue totalitaria.
El proyecto totalitario del régimen franquista
Esta última palabra no es una figura.
Así se definía el propio régimen ya el 9 de marzo de 1938, al proclamarse «instrumento totalitario al servicio de la integridad patria» en el preámbulo del Fuero del Trabajo.8
Un Estado que pretende apoderarse del individuo por entero, desde la primera hora hasta la última, no se contenta con administrar a sus súbditos. Decide su lugar, su trabajo, sus derechos, su silencio y la suerte de sus bienes. En el franquismo, esta ambición totalitaria se combinaba con la concentración personal del poder en manos de un hombre que no reconocía ninguna autoridad superior a la suya.
He ahí por qué llamo a este régimen una dictadura totalitaria, contra quienes no quisieron ver en él más que un autoritarismo prudente.
No se juzga un proyecto por su éxito, sino por su designio, y el designio era tenerlo todo.
La herencia de Franco y el patrimonio de la familia
El padrino murió en su cama en 1975.
Su testamento se había otorgado el 20 de febrero de 1968. Declaraba bienes matrimoniales evaluados en veintiocho millones y medio de pesetas, que incluían en particular cuentas bancarias, acciones y varias propiedades.9
Ese documento delimitaba un perímetro notarial. No constituía ni una auditoría independiente, ni una investigación sobre el origen de los bienes, ni un inventario contradictorio de todo lo que podían poseer sociedades, intermediarios o miembros de la familia.
Nadie verificó jamás si ese perímetro era completo.
Nadie abrió la contabilidad entera de la casa. La estructura jurídica y política de la Transición, la continuidad de los aparatos, la amnistía, la razón de Estado y el cierre de los archivos apartaron toda investigación patrimonial general.
La fortuna pasó a los herederos como pasa un secreto de familia, intacta y sin inventario contradictorio. Y la democracia que vino después halló más prudente no mirar en los libros.
Hubo que esperar varias décadas para que historiadores, periodistas, asociaciones memorialistas y, en algunos casos, tribunales empezaran a reconstruir el origen de algunos bienes. La restitución del Pazo de Meirás al Estado no se ordenó definitivamente sino al término de una batalla emprendida mucho después de la muerte del criminal.
El ladrón que se creía propietario había logrado la única cosa que importa a un padrino: morir en regla, a los ojos del mundo, con lo que había tomado.
Pero un hombre que se apropia de una nación no puede hacerlo solo, ni del todo en silencio. Necesita una voz más alta que la suya para decir que todo eso es justo y sagrado.
Necesita a alguien que bendiga.
El próximo episodio será el del Monsignore y de la cruz plantada sobre el botín para convertirlo en cruzada.
Fuentes y referencias documentales
- Paul Preston, entrevista con Sebastián Faber, «Franco no era fascista. Era algo peor», Letras Libres, noviembre de 2015. Consultar la entrevista. ↩︎
- Ángel Viñas, estudio publicado en Hispania Nova, 2015. Documento citado: Centro Documental de la Memoria Histórica, MF/R 7418, «Nota de las cantidades que existen procedentes de donativos y otros conceptos a disposición de Su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo al día 31 de agosto de 1940». La relación lleva el sello de la Secretaría Militar y Particular y la firma de Francisco Franco Salgado-Araújo. Consultar el estudio. ↩︎
- Nómina de Franco como jefe del Estado Mayor Central, noviembre de 1935: 2.429,98 pesetas. Reproducción y presentación en El País. Para el cálculo comparativo: Ángel Viñas, entrevista con CTXT, diciembre de 2015. Consultar la entrevista. ↩︎
- Ángel Viñas, La otra cara del Caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco, Barcelona, Crítica, 2015. La recaudación documentada de la venta del café alcanza 7.536.140,88 pesetas. Presentación de la investigación. ↩︎
- Ángel Viñas, entrevista publicada por El Confidencial, 23 de septiembre de 2015. El historiador explica el funcionamiento de las leyes y decretos-leyes reservados e indica haber encontrado una disposición secreta de 1957. Consultar la entrevista. ↩︎
- Decreto de 27 de agosto de 1938 y orden de 5 de septiembre de 1938 relativos al «Fondo de papel moneda puesto en circulación por el enemigo». Véase también el dictamen del Consejo de Estado relativo a las solicitudes de restitución. Consultar el dictamen. ↩︎
- Pazo de Meirás: la justicia reconoció la propiedad del Estado, la nulidad de los títulos invocados por la familia y el carácter simulado de la venta inscrita en 1941. La decisión fue confirmada definitivamente por el Tribunal Supremo en marzo de 2026. Consultar la reseña de la sentencia. ↩︎
- Fuero del Trabajo, promulgado el 9 de marzo de 1938, preámbulo: «El Estado nacional, en cuanto instrumento totalitario al servicio de la integridad patria…». ↩︎
- Testamento notarial de Francisco Franco, otorgado el 20 de febrero de 1968. Los bienes matrimoniales declarados fueron evaluados en 28,5 millones de pesetas. El documento no incluía varias propiedades y activos posteriormente asociados al patrimonio familiar. Presentación detallada del testamento. ↩︎