Guernica: la pista vasca, 1966-1969
1966-1969: la pista vasca aparece en vida de Picasso
Una reivindicación anterior a la Transición
Uno de los relatos más cómodos sobre Guernica consiste en presentar la reivindicación vasca como una controversia aparecida después de la muerte de Picasso. El pintor habría querido que su cuadro regresara a España y, después de Franco, los vascos habrían reclamado que la obra se instalara en Gernika.
La cronología no lo permite. En noviembre de 1966, Picasso está vivo. Franco sigue gobernando. Y Jorge Oteiza publica un texto cuyo título no deja lugar a dudas: El Guernica pertenece a los vascos. Dos años después vuelve sobre la cuestión con ¿A quién pertenece el Guernica? y, también en 1968, con El Guernica de Picasso. Los estudios recientes sobre la apropiación artística y política de la obra documentan esta serie de intervenciones de Oteiza desde 1966.1
Esto establece un primer hecho capital: la reivindicación de una destino vasco para Guernica se formula públicamente al menos siete años antes de la muerte de Picasso.
Oteiza no era un comentarista anónimo
Jorge Oteiza no era entonces un oscuro militante escribiendo en una publicación clandestina. Era uno de los artistas vascos más importantes de su generación. En 1957 había obtenido el Gran Premio Internacional de Escultura de la Bienal de São Paulo. Su Quousque tandem…! apareció en 1963. Intervenía en los debates sobre lengua, educación, arte, identidad y reconstrucción cultural vasca y participaba en el movimiento de renovación artística que dio lugar en 1966 al grupo Gaur, junto con Eduardo Chillida, Néstor Basterretxea, Remigio Mendiburu y otros artistas.
La Enciclopedia Auñamendi recuerda su papel en la formación de una conciencia crítica vasca y sus conferencias sobre el arte como instrumento de formación política y cultural.2 Cuando Oteiza habla de Guernica, no está planteando simplemente una disputa museística. Formula una cuestión de soberanía cultural: ¿a qué pueblo pertenece simbólicamente una obra cuyo nombre es el de una ciudad vasca destruida?
La paradoja vasca de 1937
La reivindicación resulta todavía más interesante porque no era evidente en 1937. Cuando el cuadro fue presentado en el pabellón republicano de París, su recepción en determinados sectores del Gobierno vasco fue reservada y, en ocasiones, claramente hostil.
El historiador Ludger Mees recuerda que José María Ucelay, encargado de la participación artística vasca en el pabellón, apreciaba poco la pintura de Picasso. El periódico Euzko Deya, órgano del Gobierno vasco en París, concedió también relativamente poco espacio al cuadro durante la inauguración.3
La paradoja es notable: en 1937, una parte de los responsables culturales vascos no reconoce inmediatamente Guernica como su gran símbolo; en 1966, Oteiza proclama que Guernica pertenece a los vascos.
Entre ambas fechas el cuadro se ha convertido en otra cosa. Un cuadro puede cambiar de estatuto sin cambiar de tela.
Guernica adquiere una segunda patria
A medida que Guernica se vuelve universalmente conocido, su vínculo con la ciudad cuyo nombre lleva se refuerza. El cuadro no representa topográficamente Gernika. No aparecen la Casa de Juntas, el roble ni ninguna calle identificable. Pero su título impide una separación completa. Cada exposición repite el nombre. Cada catálogo repite el nombre. Cada reproducción repite el nombre: Guernica.
La ciudad bombardeada experimenta así un fenómeno casi único en la historia del arte: la obra que universaliza el sufrimiento civil universaliza al mismo tiempo su nombre propio. Ludger Mees muestra cómo Gernika se convierte progresivamente en un doble lugar de memoria: antiguo símbolo de las libertades vascas y, gracias al cuadro de Picasso, símbolo internacional de guerra, destrucción y paz.4
Oteiza interviene precisamente en el punto en que se cruzan estas dos significaciones.
«Pertenece a los vascos» no significa propiedad jurídica
Hay que mantener aquí nuestro método. Cuando Oteiza escribe El Guernica pertenece a los vascos, no está produciendo un título de propiedad. Formula una reivindicación cultural y política.
La distinción es indispensable. La palabra «pertenece» puede referirse a la propiedad patrimonial, al destino material, al derecho moral, a la pertenencia simbólica o a la legitimidad política para decidir dónde debe instalarse la obra. Oteiza habla fundamentalmente en este último registro.
En sustancia afirma: el tema, el nombre, la herida y el significado histórico del cuadro pertenecen a la experiencia vasca; los vascos no pueden, por tanto, ser considerados extraños a la decisión sobre su destino.
Eso es distinto de afirmar que el Gobierno vasco posee jurídicamente Guernica. Esta última proposición no está establecida.
1968: la pregunta se convierte explícitamente en «¿de quién?»
El título elegido por Oteiza en 1968 resulta todavía más interesante: ¿A quién pertenece el Guernica? La pregunta contiene ya casi toda nuestra investigación.
¿A Picasso? ¿A la República que lo encargó? ¿Al Estado español que lo pagó? ¿Al pueblo español? ¿A los vascos? ¿A Gernika? ¿Al museo que lo conserva?
El interés de Oteiza consiste en haber formulado públicamente esta cuestión antes de que la sucesión Picasso, Roland Dumas, el Prado y los Gobiernos de la Transición entrasen en la batalla. No es, por tanto, una controversia construida retrospectivamente. El problema existe cuando todavía vive quien puede responder.
¿Picasso respondió a Oteiza?
Aquí nuestra investigación encuentra un límite importante. Hasta el momento no hemos localizado una respuesta directa de Picasso al texto de Oteiza de noviembre de 1966. No existe una carta conocida en la que diga: «Oteiza, tiene usted razón», ni otra en la que responda: «Está usted equivocado». Tampoco conocemos una declaración pública en la que Picasso rechace expresamente la reivindicación de Oteiza.
Esa ausencia debe tratarse con prudencia. El silencio no equivale a consentimiento. No podemos escribir que Picasso aceptó en 1966 que Guernica pertenecía a los vascos. Sería inventar una respuesta.
Solo podemos establecer lo siguiente: existió, en vida de Picasso, una reivindicación vasca pública y explícita sobre el destino o la pertenencia simbólica de Guernica, y no conocemos ningún desmentido público del pintor.
Es ya mucho.
1968: Franco también quiere el cuadro
Casi al mismo tiempo entra en el expediente un actor completamente distinto. El régimen franquista empieza a plantearse el regreso de Guernica a España. A finales de los años sesenta, especialmente bajo el impulso de Luis Carrero Blanco y del director general de Bellas Artes, Florentino Pérez Embid, se realizan gestiones para obtener la obra.5
La paradoja es enorme. El régimen nacido de la sublevación apoyada por la Alemania nazi quiere recuperar ahora el cuadro que lleva el nombre de la ciudad bombardeada por la Legion Condor. La rentabilidad política del gesto sería considerable: Picasso viviendo en Francia, Guernica instalado en Madrid, y el Estado franquista presentando el retorno como prueba de normalización cultural y, casi, de reconciliación del pintor con la España oficial.
Picasso se niega.
1969: Roland Dumas entra en escena
En noviembre de 1969, Picasso pide a Roland Dumas que recuerde oficialmente al Museum of Modern Art de Nueva York su voluntad sobre el cuadro. La carta de Dumas a William S. Lieberman está fechada el 12 de noviembre de 1969. El Reina Sofía conserva su referencia dentro del expediente documental.6
Dos días después, el Musée Picasso de París sitúa también una declaración pública realizada por mediación de Dumas. Pero la fuente más interesante para nuestra investigación es Ibérica por la libertad, la revista dirigida por Victoria Kent.
En su número del 15 de diciembre de 1969, reproduce la posición transmitida por Dumas en nombre de Picasso:
«esta obra deberá ser devuelta al Gobierno de la República Española el día en que la República sea restaurada en España».
Y añade:
«Picasso no ha cambiado de intenciones en cuanto al destino de esta obra de arte».
Dos palabras aparecen ya con absoluta claridad: República. Gobierno.7
Dos pistas existen antes incluso de 1970
Llegamos así a una situación históricamente muy interesante. A finales de 1969 Picasso sigue vivo y existen públicamente dos discursos sobre el destino de Guernica.
El primero procede del País Vasco artístico: Oteiza, 1966: Guernica pertenece a los vascos. El segundo procede de Picasso a través de su abogado: 1969: Guernica debe ser devuelto al Gobierno de la República española cuando la República sea restaurada.
Las dos proposiciones no son necesariamente contradictorias. Este punto es esencial. Una responde a la pregunta: ¿a quién pertenece simbólicamente el cuadro? La otra: ¿a qué autoridad política debe ser entregado?
Puede imaginarse perfectamente una secuencia: entrega al Gobierno de la República y posterior decisión de ese Gobierno sobre su destino material. Es precisamente esta posibilidad la que los relatos posteriores han tendido a dejar fuera del expediente.
El Gobierno de la República habría podido elegir Gernika
Retomemos la lógica. Si Picasso destina la obra al Gobierno de la República española, ese Gobierno se convierte en el destinatario político. Pero eso no determina necesariamente dónde deberá instalarse después el cuadro.
El Gobierno republicano habría podido elegir Madrid, el Prado, Gernika, un museo vasco, un depósito temporal, una exposición itinerante o cualquier otra solución compatible con eventuales instrucciones complementarias de Picasso.
Esto significa que la reivindicación de Oteiza, «Guernica pertenece a los vascos», no es automáticamente incompatible con la voluntad de Picasso: «Guernica está destinado al Gobierno de la República española».
Ambas proposiciones pueden integrarse perfectamente dentro de una misma cadena de decisión: Picasso entrega. La República recibe. La República decide.
Precisamente por eso la desaparición de aquel Gobierno en 1977 adquirirá tanta importancia.
Un testimonio posterior hace retroceder todavía más la pista vasca
Existe otra pieza que debe clasificarse aparte. Julio Jáuregui, antiguo diputado del PNV y próximo a José Antonio Aguirre, habría pedido directamente a Picasso que Guernica fuera entregado a los vascos.
Según el testimonio transmitido posteriormente por Néstor Basterretxea, Picasso habría respondido:
«Si el presidente Aguirre me lo pide, el cuadro es para ustedes los vascos».
Si la conversación tuvo lugar en esos términos, necesariamente es anterior a la muerte de Aguirre en 1960. Haría retroceder, por tanto, la pista vasca muchos años antes de Oteiza.
Pero no disponemos de un documento contemporáneo del intercambio. El testimonio aparece públicamente mucho más tarde, especialmente en El País en noviembre de 1981. Ludger Mees lo recoge señalando honestamente que ninguna otra fuente independiente permite actualmente confirmar su contenido.8
Hay que clasificar correctamente esta pieza: testimonio importante, coherente con una reivindicación vasca posterior, pero no corroborado por un escrito contemporáneo de Picasso.
No es una prueba. Tampoco es algo que deba desecharse.
Oteiza y Jáuregui: dos pruebas de distinto peso
La distinción metodológica es fundamental. Oteiza, 1966: documento contemporáneo. Sabemos que escribe públicamente El Guernica pertenece a los vascos.
Jáuregui-Picasso: testimonio retrospectivo. Sabemos que posteriormente se relata una conversación que habría tenido lugar varias décadas antes.
Ambas piezas pertenecen al mismo expediente. No tienen el mismo peso. Precisamente por eso nuestra investigación debe conservar categorías de prueba.
Picasso difícilmente podía ignorar la dimensión vasca
Sería, sin embargo, difícil sostener que Picasso ignoraba por completo la dimensión política vasca del cuadro. Conocía evidentemente el bombardeo, el Gobierno vasco de 1937 y su participación en el pabellón republicano. Conocía a exiliados vascos y a responsables republicanos. Y Guernica se había convertido en el principal símbolo internacional del bombardeo de la ciudad vasca.
Nada de esto permite afirmar que Picasso hubiera leído los textos de Oteiza. Pero hace imposible presentar la dimensión vasca como una invención posterior totalmente exterior al universo político del cuadro.
Lo que 1966 cambia en la investigación
La fecha es decisiva. Si la reivindicación vasca apareciera únicamente en 1981, podría interpretarse como una reacción oportunista al anunciado regreso de la obra. Pero existe en 1966. Picasso vivirá todavía casi siete años. Oteiza vuelve a plantear la cuestión en 1968 y, en 1969, las gestiones franquistas provocan una aclaración de Picasso sobre la República.
La secuencia es clara: 1966: Oteiza, El Guernica pertenece a los vascos. 1968: Oteiza, ¿A quién pertenece el Guernica?. 1968-1969: el régimen franquista inicia gestiones para recuperar el cuadro. 12 de noviembre de 1969: Dumas interviene ante el MoMA. Diciembre de 1969: Ibérica publica, en nombre de Picasso, el destino republicano de la obra.
El debate sobre el destino de Guernica está plenamente constituido en vida de Picasso.
Tercer balance de la investigación
HECHO ESTABLECIDO: Jorge Oteiza reivindica públicamente desde noviembre de 1966 la pertenencia de Guernica a los vascos. HECHO ESTABLECIDO: vuelve sobre la cuestión en 1968 con ¿A quién pertenece el Guernica? y El Guernica de Picasso. HECHO ESTABLECIDO: esta reivindicación precede en varios años a la muerte de Picasso y a la Transición.
HECHO ESTABLECIDO: el régimen franquista emprende a finales de los años sesenta gestiones para recuperar el cuadro. HECHO ESTABLECIDO: Picasso rechaza esa recuperación. HECHO ESTABLECIDO: en noviembre de 1969 Roland Dumas reitera oficialmente ante el MoMA la voluntad de Picasso. HECHO ESTABLECIDO: en diciembre de 1969 Ibérica afirma en nombre de Picasso que el cuadro debe ser entregado al Gobierno de la República española cuando la República sea restaurada.
NO CONFUNDIR: Oteiza reivindica una pertenencia vasca; Picasso designa una autoridad política republicana. Las dos proposiciones no son necesariamente contradictorias.
TESTIMONIO POR CORROBORAR: Julio Jáuregui habría obtenido de Picasso la seguridad de que el cuadro sería «para ustedes los vascos» si Aguirre lo solicitaba.
POR ESTABLECER: si Picasso conoció los textos de Oteiza de 1966 y 1968 y si existe alguna reacción directa suya.
Una conclusión se vuelve, sin embargo, difícil de evitar: la «pista vasca» no fue fabricada alrededor del cadáver de Picasso. Existía cuando él todavía podía hablar.
Y, casi simultáneamente, Picasso hacía precisar que Guernica debía volver, no a Franco ni a un museo madrileño, sino al Gobierno de la República española.
La siguiente pregunta se vuelve entonces inevitable: ¿qué confía exactamente Picasso a Roland Dumas cuando lo hace entrar en el caso en 1969?
Notas y fuentes
- José Javier Azanza López, «Un “Nuevo Guernica” desconocido de Agustín Ibarrola: El cartel inédito para la Feria del Toro de Pamplona (1974)», Archivo Español de Arte, vol. XCVI, n.º 381, 2023, pp. 79-96. El autor inventaría entre los principales textos de Oteiza sobre la obra: El Guernica pertenece a los vascos (noviembre de 1966), ¿A quién pertenece el Guernica? (1968) y El Guernica de Picasso (1968). ↩
- Auñamendi Eusko Entziklopedia, «Oteiza Embil, Jorge». Sobre el papel de Oteiza en la formación de una conciencia artística y cultural vasca, sus conferencias durante los años sesenta y su concepción del arte como instrumento de toma de conciencia política. ↩
- Ludger Mees, «Guernica/Gernika como símbolo», Historia Contemporánea, n.º 35, UPV/EHU, 2007, pp. 529-557. Mees estudia, entre otras cuestiones, la recepción inicialmente vacilante del cuadro en los medios del Gobierno vasco durante el pabellón de 1937 y su posterior transformación en símbolo vasco e internacional. ↩
- Ibid. Mees analiza Gernika como lugar de memoria de doble dimensión: símbolo histórico de las libertades vascas y, posteriormente, símbolo internacional de destrucción, paz y democracia a través de la obra de Picasso. ↩
- Sobre las gestiones emprendidas por el régimen franquista a finales de los años sesenta y la intervención de Florentino Pérez Embid, véanse el expediente Guernica del Musée national Picasso-Paris y la documentación reunida por el Museo Reina Sofía sobre Roland Dumas. ↩
- Roland Dumas a William S. Lieberman, 12 de noviembre de 1969, documentación Repensar Guernica, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. El museo recuerda que Dumas advierte al MoMA de que un traslado del cuadro a la España franquista sería contrario a la voluntad de Picasso. ↩
- Ibérica por la libertad, vol. 17, n.º 12, 15 de diciembre de 1969. La revista de Victoria Kent reproduce la declaración de Dumas en nombre de Picasso según la cual la obra debe ser devuelta al Gobierno de la República española cuando esta sea restaurada y precisa que Picasso no ha modificado sus intenciones. ↩
- Sobre la tradición Jáuregui-Picasso y sus límites documentales, véase Ludger Mees, art. cit. El testimonio atribuye a Picasso la respuesta según la cual el cuadro sería destinado a los vascos si José Antonio Aguirre lo solicitaba; Mees señala la ausencia de corroboración independiente contemporánea. ↩