Bombardeo de Guernika, 26 abril 1937
Guernika, 26 de abril de 1937: la escena originaria
Antes del cuadro, una ciudad
La primera escena del crimen no es un museo. No es Madrid. No es Nueva York. Tampoco es el taller parisino de Pablo Picasso. Está en Vizcaya. Guernika, lunes 26 de abril de 1937.
Una pequeña ciudad vasca de varios miles de habitantes, cuya población había aumentado con los refugiados y los desplazamientos provocados por la ofensiva franquista en el frente Norte. Una ciudad que poseía además una importancia política sin relación con sus dimensiones. Bajo el árbol de Guernika se reunían tradicionalmente las Juntas de Vizcaya. La Casa de Juntas y su árbol constituían desde hacía siglos uno de los símbolos de las libertades forales vascas. Allí, el 7 de octubre de 1936, José Antonio Aguirre había prestado juramento como primer lehendakari del Gobierno autónomo vasco constituido bajo la legalidad de la República española.1
Bombardear Guernika no significaba, por tanto, únicamente golpear un cruce de caminos sobre un mapa militar. Significaba golpear un lugar cargado de derecho, historia y representación política.
26 de abril: llegan los aviones
En la tarde del 26 de abril, la aviación alemana de la Legion Condor, apoyada por la Aviación Legionaria italiana comprometida junto a las fuerzas sublevadas, atacó Guernika. El hecho ya no es históricamente discutible.
El propio Bundesarchiv alemán presenta actualmente la destrucción de Guernika como el caso más célebre de los crímenes de guerra cometidos por la Legion Condor en España. Sus archivos conservan, entre otros documentos, el diario de guerra de Wolfram von Richthofen, jefe de Estado Mayor de la formación alemana.2
Los estudios contemporáneos continúan discrepando sobre determinados detalles operativos, el número exacto de aparatos, el tonelaje preciso de bombas o el objetivo inicial de una determinada oleada o aeronave. Pero ya no discrepan sobre lo esencial: fuerzas aéreas alemanas e italianas al servicio de la ofensiva franquista bombardearon la ciudad.
El Gobierno Vasco retiene actualmente la participación aproximada de 27 bombarderos y 32 cazas, con un tonelaje situado entre 31 y 46 toneladas de bombas explosivas e incendiarias.3 La combinación es importante. Los explosivos revientan los edificios. Las incendiarias encuentran después casas abiertas, madera, estructuras y calles estrechas. El fuego hace el resto. No se golpea únicamente una ciudad. Se fabrican las condiciones de su destrucción.
El puente que no fue destruido
Una larga controversia historiográfica ha girado en torno al objetivo militar de la operación. La justificación más frecuentemente invocada posteriormente fue el puente de Rentería, cuya destrucción habría permitido cortar las comunicaciones y la retirada de las fuerzas vascas. El problema es sencillo: el puente no fue destruido. La ciudad, en cambio, quedó destruida en gran parte.
El historiador alemán Walther L. Bernecker ha mostrado cómo una parte de la historiografía alemana de posguerra se aferró durante mucho tiempo a la tesis del puente, en ocasiones a costa de minimizar la propia destrucción urbana. Las investigaciones posteriores desplazaron progresivamente la cuestión hacia el empleo de la violencia aérea como medio de desorganización material y moral del adversario.4
La distinción es esencial para nuestra investigación. Existían en Guernika y sus alrededores objetivos con interés militar: carreteras, vías férreas, comunicaciones y movimientos de tropas. Esto no significa que la destrucción del centro urbano se convierta automáticamente en un efecto secundario carente de significado. Puede discutirse cuál era el objetivo inicial de un Estado Mayor. No puede discutirse indefinidamente el resultado material de la operación. El centro de Guernika arde. El puente permanece.
Una ciudad incendiada
Las fotografías antes de la entrada franquista
Las fotografías tomadas después del bombardeo constituyen una de las primeras piezas del expediente. Muestran fachadas abiertas, casas derrumbadas, calles cubiertas de escombros y barrios calcinados. Poseen además una importancia suplementaria: fueron realizadas antes de la entrada de las tropas franquistas en la ciudad, el 29 de abril. Hacen, por tanto, muy difícil sostener la versión que pronto difundió la propaganda franquista según la cual los propios vascos habrían incendiado Guernika durante su retirada.
George L. Steer y la batalla de la información
También llegaron periodistas extranjeros. Entre ellos, el corresponsal británico George L. Steer, cuyo reportaje, publicado el 28 de abril en The Times y reproducido después internacionalmente, desempeñó un papel decisivo en el conocimiento mundial del bombardeo. Herbert R. Southworth dedicaría posteriormente una investigación completa a esta batalla de la información, mostrando cómo periodismo, diplomacia y propaganda chocaron casi inmediatamente alrededor de la destrucción de Guernika.5 La guerra por establecer el hecho comienza antes incluso de que las ruinas se hayan enfriado.
¿Cuántos muertos hubo en Guernika?
Este es uno de los puntos en los que una investigación debe rechazar las certezas fáciles. El número exacto de víctimas de Guernika continúa siendo discutido. Durante la guerra, el Gobierno Vasco anunció 1.654 muertos y 889 heridos. Esta estimación fue reproducida durante mucho tiempo. Investigaciones posteriores redujeron considerablemente esta cifra. Castor Uriarte, arquitecto municipal de Guernika y responsable de los servicios contra incendios, estimó varias décadas más tarde el número de muertos en aproximadamente 250. Otros trabajos han propuesto evaluaciones diferentes. Las autoridades vascas retienen actualmente una estimación de 500 a 600 muertos, aunque reconocen la imposibilidad de establecer un balance definitivo.3
¿Por qué esta incertidumbre? Porque Guernika está en guerra. Porque la población permanente no es la única presente. Porque hay refugiados. Porque algunos heridos son evacuados a Bilbao y mueren posteriormente en hospitales. Porque hay cuerpos que permanecen sepultados. Y porque, tres días después del bombardeo, la ciudad cae en manos de quienes tenían interés en reducir, negar o reinterpretar el acontecimiento.
Bernecker lo señala: el poder vencedor no llevó a cabo la investigación exhaustiva que habría permitido establecer un balance fiable ni favoreció, evidentemente, una investigación independiente.6 La prudencia obliga, por tanto, a no transformar una cifra en dogma. Pero la incertidumbre sobre el número exacto de muertos no constituye una incertidumbre sobre el bombardeo. Confundir ambas cosas es una vieja técnica de confusión.
El mercado, otro campo de batalla
El 26 de abril era lunes, tradicionalmente día de mercado en Guernika. La cuestión de hasta qué punto el mercado fue mantenido, reducido o suspendido aquel día se convirtió también en objeto de polémica. El motivo resulta evidente: cuanta más gente hubiera en la ciudad, mayor sería el número potencial de víctimas.
La propaganda franquista y posteriormente algunos relatos revisionistas insistieron, por tanto, en la cancelación del mercado. Xabier Irujo ha dedicado una parte de sus investigaciones a demostrar cómo esta cuestión fue utilizada para minimizar la presencia civil y, por consiguiente, la magnitud del ataque.7 Para nuestra investigación hay que evitar la trampa. Aunque el mercado hubiera sido totalmente suspendido, cuestión que sigue siendo objeto de discusión historiográfica, Guernika no habría dejado de ser una ciudad habitada. El derecho de los civiles a no ser convertidos en objetivo no depende del número de puestos instalados en una plaza.
El diario de Richthofen
Queda una pieza difícilmente recusada. Wolfram von Richthofen no trabaja para Aguirre ni para la propaganda republicana. Forma parte del mando de la Legion Condor. Su diario de guerra, actualmente conservado en el Bundesarchiv, describe las operaciones del frente vasco. Pocos días después del ataque, anota a propósito de Guernika que había quedado:
«literalmente arrasada hasta los cimientos».
El Bundesarchiv destaca el valor excepcional de esta fuente, precisamente porque gran parte de los archivos de la Legion Condor fueron destruidos al final de la Segunda Guerra Mundial.2 La expresión importa. Procede del campo que bombardea, no del que acusa. Cuando el propio mando de la operación constata la destrucción material de la ciudad, resulta bastante difícil continuar discutiendo la existencia misma del acontecimiento.
Después comienza la mentira
Al día siguiente empieza otra operación. No necesita aviones. El cuartel general franquista niega el bombardeo. La destrucción habría sido causada por los «rojos», los gudaris o las fuerzas republicanas, que supuestamente incendiaron la ciudad antes de retirarse. La versión se difundió inmediatamente.
El Bundesarchiv recuerda hoy de manera explícita esta campaña propagandística: frente a los reportajes de la prensa internacional que establecían el bombardeo, la propaganda franquista atribuyó las ruinas a un incendio provocado voluntariamente por los republicanos.2 Las investigaciones de Xabier Irujo han localizado un telegrama enviado ya en la mañana del 27 de abril, apenas unas horas después de la destrucción, que demuestra que la versión negacionista ya había sido lanzada desde el cuartel general franquista.7
Este punto posee una importancia considerable para toda nuestra investigación. El «caso Guernica» no comienza en 1981 con Roland Dumas. Comienza prácticamente el 27 de abril de 1937, cuando se abre una batalla destinada a decidir no solo qué ocurrió, sino quién tendría derecho a contarlo. La primera desaparición no es, por tanto, la de la palabra República en 1981. La primera tentativa de desaparición afecta al propio crimen.
Lo que sobrevivió a las bombas
Dos elementos de enorme valor simbólico escaparon a la destrucción: la Casa de Juntas y el árbol de Guernika. El árbol bajo el cual Aguirre había prestado juramento pocos meses antes sobrevivió al bombardeo.1 La imagen parece casi demasiado perfecta para no parecer inventada. La ciudad arde. El símbolo político permanece.
No hay que extraer de ello una mística fácil. Las casas destruidas no son símbolos. Los muertos tampoco. Pero para comprender lo que Guernika se convertiría posteriormente en la cultura vasca, este elemento resulta esencial. La ciudad no es únicamente el lugar de una matanza. Se convierte en la prueba material de una voluntad de destrucción a la que el símbolo político vasco sobrevivió.
París aprende el nombre de Guernika
Picasso se encuentra mientras tanto en París. El Gobierno legítimo de la República ya le había encargado una gran obra para el pabellón español de la Exposición Internacional de 1937. Todavía no había encontrado su tema definitivo. Después llegan las noticias. Aparecen las fotografías en la prensa.
El Reina Sofía recuerda que Picasso descubrió, entre otras, las imágenes del bombardeo publicadas en L’Humanité y que estas provocaron un giro en su proyecto. En pocas semanas realizó cerca de cincuenta estudios y pintó el lienzo monumental destinado al pabellón republicano.8
El nombre que Picasso eligió
No escogió un título teórico. No La guerra. No El fascismo. No Las víctimas. Eligió el nombre de la ciudad: Guernica.
El gesto tendría una consecuencia inmensa. El nombre propio de una pequeña ciudad vasca se convirtió en una de las palabras más conocidas de la historia mundial del arte.
Primera pieza de convicción
Es aquí, por tanto, donde debe comenzar nuestra investigación. Antes de la propiedad. Antes del MoMA. Antes de Roland Dumas. Antes del Prado. Antes de la monarquía. Antes incluso de Picasso.
Existe un hecho material: el 26 de abril de 1937, Guernika fue bombardeada y ampliamente destruida por aviaciones extranjeras comprometidas al servicio de la ofensiva militar contra la República y el Gobierno Vasco. Este hecho está establecido por testimonios contemporáneos, fotografías, corresponsales extranjeros, archivos militares alemanes y posteriores trabajos historiográficos.
Después viene un segundo hecho: los responsables políticos y militares del campo sublevado intentaron casi inmediatamente negar el origen de aquella destrucción. En ese instante, la escena del crimen se convierte también en escenario de una batalla por la verdad. Y esa batalla no terminará.
Picasso no pinta únicamente una ciudad bombardeada. Fija sobre un lienzo aquello que un poder ya ha empezado a negar. Ahí reside una de las razones por las que Guernica se volverá tan peligroso. El cuadro no es únicamente una obra sobre un crimen. Se convierte en una pieza de convicción que no puede quemarse junto con los archivos.
Y precisamente por eso se impone la siguiente pregunta: ¿quién encargó esta pieza, quién la pagó y a quién pertenecía? Será la segunda etapa de la investigación.
Notas y fuentes
- Gobierno Vasco, «El árbol de Gernika» y documentación histórica de la Casa de Juntas. El árbol constituye uno de los principales símbolos de las libertades vascas; José Antonio Aguirre prestó allí juramento como primer lehendakari en octubre de 1936. ↩
- Bundesarchiv, «Der Angriff auf Guernica» y «Das deutsche militärische Engagement im Spanischen Bürgerkrieg 1936-1939». El Bundesarchiv atribuye explícitamente el bombardeo a la Legion Condor, recuerda la participación alemana junto a los sublevados y califica actualmente la destrucción de Guernika como crimen de guerra. Conserva, entre otros documentos, el diario de Wolfram von Richthofen. ↩
- Gobierno Vasco, «90 años de historia (1936-2026)». La síntesis institucional retiene 27 bombarderos, 32 cazas, entre 31 y 46 toneladas de bombas, aproximadamente un 85 % de edificios destruidos y una estimación contemporánea de 500 a 600 muertos, recordando que el número exacto continúa siendo desconocido. ↩
- Walther L. Bernecker, «Gernika y Alemania: debates historiográficos», Historia Contemporánea, n.º 35, UPV/EHU. El autor analiza, entre otras cuestiones, las controversias sobre el objetivo del puente de Rentería, la función militar o terrorizante del ataque y las tendencias a la minimización presentes en una parte de la historiografía alemana. ↩
- Herbert R. Southworth, Guernica! Guernica! A Study of Journalism, Diplomacy, Propaganda, and History, University of California Press, 1977; véase asimismo la documentación del Bundesarchiv sobre el papel del reportaje de George L. Steer en el conocimiento internacional del bombardeo. ↩
- Bernecker, art. cit. Sobre las controversias relativas al número de víctimas, el autor recuerda la estimación inicial del Gobierno Vasco, las evaluaciones posteriores y la imposibilidad de establecer una cifra incontestable, debido especialmente a la ausencia de una investigación exhaustiva después de la ocupación de la ciudad. ↩
- Xabier Irujo, 26 de abril de 1937. Gernika, Crítica, 2017; Gernika: Genealogy of a Lie, Liverpool University Press, 2019. Irujo estudia, entre otras cuestiones, las controversias sobre el mercado, el número de aviones y víctimas y la construcción inmediata de la versión franquista que atribuía la destrucción a los propios vascos. Una reseña académica de Joseba Agirreazkuenaga destaca especialmente el telegrama del 27 de abril que lanzaba el desmentido desde el cuartel general franquista. ↩
- Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Repensar Guernica y sala 205.10. El museo documenta el encargo realizado a Picasso por el Gobierno de la República para el pabellón de París, el impacto de las fotografías del bombardeo y la realización de la obra durante las semanas siguientes. ↩