La juventud bajo el franquismo: deporte, campamentos y adoctrinamiento
El encuadramiento de la juventud bajo el franquismo
Deporte, campamentos y ocio: controlar al niño incluso cuando jugaba
Ya hemos mostrado en otro lugar cómo la escuela franquista formaba la conciencia del niño mediante el catecismo, los manuales y los títulos. Pero la ambición del régimen no se detenía a la puerta del aula. Seguía al niño hasta el patio, el campo de deportes, los campamentos de verano y los bailes del domingo. Porque un poder que pretende sujetar a un pueblo no puede dejarle libre el tiempo libre. También el ocio debía ser encuadrado. Y lo fue.
Ahí reside incluso la astucia más eficaz de todo dispositivo de encuadramiento. Mientras un niño sabe que lo están instruyendo, puede resistirse. Pero cuando lo hacen cantar, correr, acampar y bailar, cree que se divierte, y es precisamente entonces cuando se lo sujeta con mayor seguridad. Bajo el franquismo, el tiempo libre de la juventud no fue un espacio de libertad. Fue la prolongación de la escuela por otros medios, más suaves y más duraderos.
El Frente de Juventudes: la «obra predilecta del Régimen»
El instrumento central de ese encuadramiento fue el Frente de Juventudes, creado por la ley de 6 de diciembre de 1940. La organización fue calificada como «obra predilecta del Régimen», fórmula que se convirtió en emblema del lugar que el franquismo pretendía concederle.1
El dispositivo aspiraba a encuadrar al conjunto de la juventud española mediante itinerarios diferenciados: los niños desde los siete años hasta su entrada en la edad militar; las niñas, de los siete a los diecisiete, dentro de la rama femenina. José Antonio Elola Olaso, que asumió la Delegación Nacional en 1941 y la conservó hasta 1955, se convirtió en una de sus figuras principales.2
El artículo 7 de la ley enumeraba los fines de la organización, y esa lista basta para comprender qué era el ocio franquista. Educación política en el espíritu y la doctrina del Movimiento. Educación física y deportiva. Educación premilitar. Iniciación a las tareas del hogar para las jóvenes. Apoyo a la educación religiosa propia de la Iglesia católica. Cinco columnas de un mismo templo. El niño era tomado como futuro militante, futuro soldado y futuro fiel; la niña, como futura esposa.
La Orden de 16 de octubre de 1941 hizo todavía más explícito el mecanismo: todos los alumnos de enseñanza primaria y secundaria, pública o privada, debían formar parte del Frente de Juventudes, bajo el principio de la obligatoriedad de la formación política de la juventud. En todos los centros se introdujeron la educación política, física y deportiva; para los niños se añadía la formación premilitar, mientras las niñas recibían iniciación en las enseñanzas del hogar.3
El deporte, los campamentos y los cantos no eran recreos concedidos a la infancia. Eran sus instrumentos.
A partir de 1960, el régimen adaptó, sin embargo, su dispositivo a una sociedad que estaba cambiando. La Organización Juvenil Española, la OJE, nació en ese contexto y fue integrada formalmente en 1961 en la nueva estructura de la Delegación Nacional de Juventudes. El texto oficial la definía entonces como una organización «de carácter voluntario y sentido formativo», basada en actividades destinadas a entrenar a los jóvenes para la vida colectiva, el mando y la responsabilidad social.4
El vocabulario se había suavizado. El aparato no había abandonado el Movimiento. El mismo decreto seguía confiando a la Delegación Nacional de Juventudes la educación cívica y política, así como la educación física de los españoles menores de veintiún años, la orientación de las actividades extraescolares y la integración de las nuevas generaciones en la «convivencia española».5
Cambiaba la retórica. Permanecía el encuadramiento.
Deporte y educación física: disciplinar los cuerpos
El deporte ocupó un lugar central en aquella pedagogía, y conviene entender por qué un régimen autoritario le concedió tanta importancia. Un cuerpo entrenado es también un cuerpo disciplinado. Bajo la apariencia del ejercicio, la educación física enseñaba el orden, la jerarquía, la obediencia al silbato, la marcha acompasada y el esfuerzo colectivo sometido a una consigna. La Formación del Espíritu Nacional acompañaba aquella gimnasia corporal con una gimnasia de las conciencias.
Para los niños, la educación física preparaba, apenas de manera disimulada, para el cuartel. La formación premilitar era uno de los objetivos legales del Frente de Juventudes. Para las niñas perseguía otro objetivo, igualmente revelador: la investigación histórica ha mostrado hasta qué punto su educación física estuvo vinculada a la salud, la maternidad y la función reproductiva.6
Se fortalecía al muchacho para convertirlo en soldado y a la muchacha para convertirla en madre. El mismo ejercicio, dos destinos escritos de antemano.
Campamentos de verano: el ocio feliz como instrumento de adhesión
Los campamentos fueron la expresión más acabada de este encuadramiento, y exigen una honestidad particular. Porque hay que decirlo con claridad: muchos niños fueron felices en ellos. Los testimonios de antiguos afiliados abundan y hablan de fraternidad, de noches bajo la tienda, del cielo y las estrellas, de una gratitud que en ocasiones duró toda una vida. Sería falso, e injusto con su memoria, pintar aquellos campamentos como lugares siniestros. No lo fueron.
Pero precisamente ahí aparece el vértigo. Esa felicidad no era un accidente: era el medio. El régimen había comprendido perfectamente que un niño feliz en un campamento queda sujeto de manera más segura que un niño obligado dentro de un aula. Entre dos baños y dos hogueras se izaba la bandera, se cantaban los himnos del Movimiento, se recitaban consignas y se celebraba al Caudillo.
Los propios manuales del Frente de Juventudes describían los campamentos como verdaderas «ciudades de lona» que funcionaban según un régimen íntegramente falangista y como una anticipación a pequeña escala de la sociedad futura que la organización quería construir.7
El niño asociaba así la alegría de sus vacaciones con los símbolos del régimen que se las ofrecía.
No se le imponía una doctrina: se conseguía que le resultara amable. La felicidad infantil no desmiente el encuadramiento. Fue su herramienta más eficaz, precisamente porque era la más dulce y aquella de la que más cuesta desprenderse.
Servicio Social de la Mujer: el pasaporte de la ciudadana pasaba por el delantal
El encuadramiento de las jóvenes tenía su propia institución y su propio cerrojo. El Servicio Social de la Mujer fue creado mediante el Decreto n.º 378 de 7 de octubre de 1937, publicado el 11 de octubre, y reglamentado pocas semanas después. Desde su origen fue definido como un «deber nacional» para las españolas de entre diecisiete y treinta y cinco años.8
El texto vinculaba expresamente esa movilización femenina con el servicio debido al Estado. El artículo primero declaraba obligatoria la prestación en las condiciones fijadas por el decreto, y el artículo 3 convertía su cumplimiento en requisito indispensable, entre otros supuestos, para obtener determinados títulos profesionales, participar en oposiciones y concursos de la Administración, desempeñar varias funciones públicas u ocupar ciertos empleos relacionados con servicios sometidos al control estatal.
El dispositivo fue después ampliado y modificado. Su certificado se volvió necesario en numerosos trámites de la vida profesional y administrativa, según los periodos para determinados empleos, títulos, asociaciones, pasaportes o permisos de conducir.9
Allí se aprendía cocina, costura, puericultura, higiene, religión y espíritu nacional; es decir, a convertirse, según el modelo oficial, en una buena esposa y una buena madre.
El mensaje no admitía réplica. Antes de poder trabajar, viajar o incluso conducir en aquellos casos en que el certificado era obligatorio, una mujer debía pasar primero por la escuela del hogar. En la España franquista, el pasaporte de la ciudadana pasaba por el delantal.
El Servicio Social sobrevivió a Franco. Fue finalmente suprimido por el Real Decreto 1914/1978, de 19 de mayo de 1978, publicado en el Boletín Oficial del Estado de 12 de agosto. El propio decreto de supresión constataba que aquel servicio obligatorio había nacido en «circunstancias políticas diferentes» y conforme a principios que ya se consideraban superados.10
Coros y Danzas: convertir en folclore aquello que el régimen amordazaba
La Sección Femenina disponía de otro instrumento, todavía más sutil y revelador: los Coros y Danzas, aquellos grupos de cantos y danzas regionales que recopilaba, vestía con trajes típicos y exhibía. Y aquí el régimen se contradice de la manera más esclarecedora.
Porque la misma dictadura que expulsaba el catalán, el euskera y el gallego de la escuela, que perseguía los nacionalismos como una traición, enviaba a jóvenes vestidas con trajes regionales a bailar la sardana, el aurresku o la muñeira ante delegaciones extranjeras y autoridades.
La investigación universitaria confirma que los Coros y Danzas fueron mucho más que grupos destinados a preservar el folclore. La Sección Femenina transformó aquella cultura popular en un instrumento de adoctrinamiento social, cohesión nacional y propaganda, tanto dentro de España como en el extranjero.11
El régimen ofrecía así la imagen halagadora de una España convertida en mosaico de tradiciones felices, al mismo tiempo que aplastaba aquello que mantenía vivas esas tradiciones: su lengua y su autonomía.
La contradicción es solo aparente y dice todo sobre la relación del franquismo con las regiones. Una región muerta era decorativa. Una región viva era sediciosa. Se folklorizaba aquello que se prohibía, se disfrazaba aquello que se amordazaba. La danza catalana era bienvenida sobre un escenario oficial; la lengua catalana seguía excluida de la escuela a la que el lunes regresaba el niño que la había bailado.
Del aula al campamento: un mismo aparato de encuadramiento juvenil
Para terminar, hay que medir la coherencia del conjunto, porque es ella la que constituye la demostración. Consideradas por separado, estas instituciones podrían parecer los scouts, la gimnasia y el folclore propios de una época. Reunidas, dibujan un dispositivo único que pretendía apoderarse del niño desde los primeros años y prolongar esa formación hasta la edad adulta, mediante itinerarios diferentes para niños y niñas.
El mismo régimen que formaba la conciencia en la escuela mediante el catecismo y los manuales formaba el cuerpo mediante el deporte, el tiempo libre mediante los campamentos y el futuro de las mujeres mediante el Servicio Social. Nada quedaba al azar: ni el juego, ni la danza, ni siquiera las vacaciones.
Es la definición de un proyecto total, que no se conforma con la obediencia sino que reclama adhesión y va a buscarla allí donde el niño está más indefenso: en su placer.
Por eso el ocio franquista merece estudiarse con la misma seriedad que sus leyes y sus tribunales. Una dictadura que solo encuadra mediante el miedo domina los cuerpos. Una dictadura que también encuadra mediante la alegría domina las almas, y durante mucho más tiempo. Los campamentos se vaciaron, las organizaciones se disolvieron, las banderas cayeron.
Pero quien de niño cantó el himno junto a una hoguera feliz conserva, a veces sin saberlo, una ternura que ni las prisiones ni las leyes habrían podido inspirarle. Es el más discreto de los legados y el mejor escondido, porque tiene el rostro de un hermoso recuerdo.
Notas y referencias
- Sobre la creación del Frente de Juventudes y la fórmula «obra predilecta del Régimen», véase especialmente Marta Mauri Medrano, Frente de Juventudes y escuela, así como la historiografía dedicada a la política franquista de juventud.
Texto íntegro, Universidad de Zaragoza.
↩ - La ley fundacional de 1940 organizaba los itinerarios juveniles según el sexo: los niños quedaban encuadrados desde los siete años hasta la entrada en el Ejército; las niñas, de los siete a los diecisiete. Véase Eva Ramírez-Rico et al., «Las publicaciones sobre la organización del Frente de Juventudes (1940-1961). Adiestramiento de las mujeres en las actividades en la naturaleza».
Artículo, Universidad Complutense de Madrid.
José Antonio Elola Olaso dirigió el Frente de Juventudes desde 1941 hasta diciembre de 1955.
Decreto de cese, BOE.
↩ - Orden de 16 de octubre de 1941 por la que se establecen en todos los centros de Primera y Segunda Enseñanza las disciplinas de Educación Política, Física y Deportiva y las de iniciación en las Enseñanzas del Hogar, bajo la inspección y vigilancia del Frente de Juventudes. El texto recuerda expresamente que todos los alumnos de primaria y secundaria, públicos y privados, deben formar parte del Frente de Juventudes.
Texto oficial, BOE.
↩ - La Organización Juvenil Española aparece en 1960. El Decreto 2223/1961, de 16 de noviembre, que reorganiza la Delegación Nacional de Juventudes, la define oficialmente como una organización «de carácter voluntario y sentido formativo», basada en actividades de entrenamiento para la vida colectiva, el mando y la responsabilidad social.
Decreto 2223/1961, BOE.
↩ - Ibid. El mismo decreto mantiene la Delegación Nacional de Juventudes como organismo estatal encargado de la educación cívica y política y de la educación física de los españoles menores de veintiún años, de la orientación de las actividades extraescolares y de la integración de las nuevas generaciones en el orden político franquista.
BOE, 20 de noviembre de 1961.
↩ - Sobre la educación física diferenciada por sexos y la formación de las niñas dentro de las instituciones del Frente de Juventudes y la Sección Femenina, véase Eva Ramírez-Rico et al., art. cit., y los trabajos dedicados a la formación femenina bajo el franquismo.
Artículo, UCM.
↩ - Los manuales del Frente de Juventudes describían los campamentos como pequeñas «ciudades de lona» que funcionaban según un régimen íntegramente falangista y que eran concebidas como anticipación de la nación futura. Véase Eva Ramírez-Rico et al., que citan el manual oficial de campamentos de 1942.
Estudio universitario.
↩ - Decreto n.º 378, de 7 de octubre de 1937, publicado en el Boletín Oficial del Estado de 11 de octubre de 1937. Su artículo primero declara «deber nacional» la prestación del Servicio Social para las españolas de entre diecisiete y treinta y cinco años. El texto vincula expresamente esta movilización femenina con el deber de servicio al Estado.
Texto original, BOE.
↩ - Sobre la evolución del Servicio Social, su carácter obligatorio y los trámites para los que se exigió su certificado, véase el estudio jurídico publicado en el Anuario de Jurisprudencia Laboral del BOE. Recuerda, entre otros extremos, el acceso al trabajo remunerado o a determinados títulos, así como la exigencia del certificado para el pasaporte o el permiso de conducir.
Biblioteca Jurídica Digital, BOE.
↩ - Real Decreto 1914/1978, de 19 de mayo, por el que se suprime el Servicio Social de la Mujer, publicado en el BOE de 12 de agosto de 1978. El texto deroga expresamente el decreto de 1937 y sus disposiciones de aplicación.
Texto oficial, BOE.
↩ - Ana de la Asunción Criado, «El folclore como instrumento político: los Coros y Danzas de la Sección Femenina», Revista Historia Autónoma, n.º 10, 2017, pp. 183-196. El estudio muestra cómo el régimen utilizó el folclore como instrumento de adoctrinamiento social y como herramienta política tanto en el ámbito nacional como internacional.
Texto íntegro, Dialnet.
Véase también Beatriz Martínez del Fresno, «Mujeres, tierra y nación. Las danzas de la Sección Femenina en el mapa político de la España franquista (1939-1952)».
Texto íntegro, Dialnet.
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