Caso Guernica: cómo establecer un hecho

Caso Guernica: cómo establecer un hecho

La pista vasca, del testimonio a la pieza de convicción

Una investigación histórica comienza a veces con una frase que nos gustaría creer: Picasso habría dicho que Guernica debía volver a los vascos. La frase es magnífica. Parece coherente con el nombre del cuadro, con la ciudad bombardeada, con la reivindicación formulada por Jorge Oteiza desde 1966 y con el movimiento Guernica Gernikara que aparecerá después. Incluso podría ser perfectamente cierta.

Pero la historia no consiste en escoger las frases que mejor convienen a nuestra demostración. Comienza exactamente allí donde surge una pregunta: ¿quién lo oyó? Y después: ¿quién lo contó?, ¿cuándo?, ¿a quién?, ¿existe una carta?, ¿un cuaderno?, ¿un segundo testigo?, ¿una correspondencia contemporánea?, ¿la persona a quien Picasso habría hecho esa propuesta todavía podía confirmarla cuando el relato fue publicado?

A partir de ahí, la historia empieza a parecerse extrañamente a una investigación policial. Hay testigos, indicios, piezas, testimonios indirectos, contradicciones y silencios. Y, a veces, un archivo que duerme desde hace sesenta años dentro de una caja cuyo contenido nadie había pensado relacionar con una frase convertida en leyenda.

El expediente vasco de Guernica constituye un caso casi perfecto para observar este método en funcionamiento. No partiremos, por tanto, de una conclusión, sino de una pregunta:

¿Quería Picasso que Guernica volviera a los vascos?

Y aplicaremos una regla sencilla:

no pedir nunca a una fuente que demuestre más de lo que realmente demuestra.

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